Otra imperdible columna de Fabregat este domingo pasado en "Página 12".
Ay! los spots publicitarios de algunos políticos...
Por Eduardo Fabregat
Uno termina deseando que al fin llegue el maravilloso día en que comienza la veda política y la tanda vuelve a ser ese surtido de ficciones, construcciones y exageraciones en las que siempre hay algo de verdad –si no, la cosa no funciona–, pero dedicadas a yogures, autos, pañales, teléfonos celulares y otros artículos. La Ley Electoral impulsada por el kirchnerismo, que da espacios gratuitos a todas las agrupaciones políticas (incluso a aquellas que afirman que el kirchnerismo es una máquina de ahogar opiniones diferentes), democratizó notablemente las posibilidades de proselitismo, pero infló de manera igualmente notable la paciencia del ciudadano.
Cada medio debió cumplir la ley y así no quedó spot sin pasar, una y otra vez, a veces montados unos sobre otros y repetidos para cumplir con los minutos por hora. La democracia permite que todos puedan decir lo que quieran en pos del voto y está bien, pero pocos piensan en el efecto que esa metralleta de slogans y marketing produce en el que escucha, el que ve. Y es que la publicidad política ciertamente se ha sofisticado (uno repasa las campañas televisivas de 1983 y le da ternurita), pero algo está sucediendo en la formación de creativos publicitarios porque en demasiadas ocasiones al asunto se le ven los hilitos. Aun en HD, la berretada es berretada.
Hay que convenir que los creativos no las tienen todas consigo. Algunos productos son muy difíciles de vender, y el cliente no atiende razones: como un fabricante que quiere una campaña exitosa para su helado de rúcula y remolacha, hay tipos que no pasarán del único dígito, y saben que es así, y el equipo de campaña sabe que es así, pero todos se hacen los distraídos y le dan forma a spots que son puro verso. Pero una de las consecuencias de la era de la hiperconexión e hiperinformación es que el público maneja variables antes reservadas a quienes estaban en el ajo. Hoy, el mozo de la esquina (quizá él antes que nadie) advierte el cálculo en la sonrisa y la manito de ese candidato, la sonrisa necesitada de Activia de aquella otra, la frase increíble en el más literal de los sentidos pronunciada con gesto altivo y desafiante. La respuesta inevitable es una sacudida de cabeza, acompañada por algo parecido a “Estos me toman de pelotudo...”.
La narrativa de los avisos de CFK es una de las razones de lo que vienen cantando las encuestas. En un astuto giro que desmarca a su campaña, la voz de Cristina protagoniza algunos spots, pero en otros se corre para que el relato lo haga otro. No actores contratados y cuidadosamente seleccionados para fingir naturalidad en su “Yo lo voto”: personas de carne y hueso, cuya historia de vida sirve como poderoso ejemplo de qué tiempos se viven en la Argentina. Hay una épica, una emoción en el relato de la científica que volvió, el programador que no se fue a Australia, el operario de astillero que recuperó la dignidad del trabajo, el pibe campeón de Matemática, la viejita de tierra adentro –y sus 13 hijos– con TV digital, que tiene todo lo que les falta a candidatos que aseguran que esto es un desastre y es imperioso cambiar. Artificiosos los gestos y los conceptos, algunos spots rozan lo surrealista.
Tener un programa diario en una radio (AM 750) hace que uno quede expuesto a una cantidad perjudicial de mensajes políticos. Algunas piezas son microficciones por momentos divertidas, por momentos exasperantes, en cierto punto delirantes y muchas veces ilustrativas del pensamiento lineal que aqueja a los políticos medio pelo. Uno se pregunta cuánta astucia puede haber en un candidato que cree que gritar con el dedito en alto demuestra carisma y convicción. “Si le ponemos un yoyó hace el columpio, el perrito y esas cosas”, sugirió Erica García (@ericagarcia11) en Twitter, y la salida humorística es un excelente ejemplo de cuál es la real percepción del asunto. Se estrena el spot en el que el hombre de Chascomús “le habla” a Cristina, y da ganas de decirle que se niegue a pagar la factura de la agencia. En la tanda aparece la señora que anunció un 13 por ciento de descuento a trabajadores y jubilados pidiéndoles a los sindicalistas “que les devuelvan la plata a los trabajadores”: cuesta abstenerse del comentario cuando se enciende la luz roja. El candidato colombiano se muestra conciliador y comprensivo en la radio con ese “Entendí, entendí lo que pasó el 14 de octubre”, y reserva para los cines un comercial chocante y desagradable, cargado de violencia y pleno de estigmatizaciones de la negrada. Un desfile para el Oscar.
Las microficciones seguirán hasta el jueves. Después, al fin, será el turno de la realidad.
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lunes, 17 de octubre de 2011
jueves, 16 de diciembre de 2010
Titular (por Rodrigo Fresán)
Hace rato también que vengo siguiendo las contratapas de Rodrigo Fresán, tienen esa excelente mezcla de actualidad con literatura, ese hilvanar de noticias o anécdotas que parece que no tienen nada que ver, y que al final encajan tan bien...
Si algo le tengo que agradecer al "Página 12", es haberme hecho conocer a gente que escribe de puta madre.
De paso, nos enteramos que en España anda todo medio a los tumbos y que acá no estamos tan mal como nos quieren hacer creer. Se las dejo:
Titular
Por Rodrigo Fresán
UNO
Tal vez por mi muy larga y ancha relación amistosa y profesional con este diario –que supo revolucionar la especie a mediados de los ’80– siempre he sido muy sensible al método con que se titulan las noticias en la prensa escrita. Y siempre busco algo nuevo, algo que me intrigue. Pero se sabe: la mayoría de los periódicos se aferran todavía a esa idea de que las letras grandes y gruesas deben arreglárselas para sintetizar aquello que se notificará ahí abajo, en letras más pequeñas. Así, el título como capitel y la información, sosteniéndolo, en un número de columnas a convenir. Algo de bueno tiene esta actitud retro o clásica: en muchas ocasiones no hace falta seguir leyendo y el efecto irritante es inmediato y, por lo tanto, también pasa más rápido. De este modo, los últimos días por aquí han estado marcados por el ruido blanco y negro de la resaca del plantón de los controladores aéreos; el waka-waka de Wikileaks (conmueve la ingenuidad adolescente y casi nerd de inactivos activistas calzando la máscara del anarquista V de V de Vendetta haciendo de este personaje de comic el reemplazo más o menos natural del póster-boy y para muchos ya personaje de historieta conocido como Ernesto “Che” Guevara); el asesinato de tres hijos a manos de sus dos madres (la primera no quería que su nueva pareja se asustara por semejante carga y saliera volando, la segunda temía que la custodia fuera otorgada a su ex marido); la revelación de que una admirada y modélica atleta española parecía estar metida en el comercio y reparto de sustancias prohibidas y transfusiones poco deportivas; las encuestas en las que sube el PP y baja el PSOE (con esa última esperanza llamada Alfredo Pérez Rubalcaba insinuando que no cuenten con él para la debacle del 2012 con la funeraria frase “el cementerio está lleno de imprescindibles”); el modus operandi de un asesino serial que descubrió que si se empleaba como celador de asilo iba a poder matar viejitos sin que lo siguiera la gente del C.S.I. y que si lo atrapaban hasta podría aducir motivos humanitarios; las tres décadas de la noche triste en la que Lennon dejó de imaginar que no hay cielo; la prolongación (o no) del ¡¡¡ESTADO DE ALARMA!!! para así garantizar la Feliz Navidad y el Próspero Año Nuevo del espacio aéreo; el tránsito hasta el más mínimo detalle de Mario Vargas Llosa por Estocolmo y alrededores (incluyendo hasta moretones en su ilustre trasero), y la pésima salud continental de un mundo más viejo que nunca llamado Europa donde los jóvenes van perdiendo esa paciencia que es lo único a lo que pueden aspirar (junto a estimulantes varios) tal como están las cosas.
Y cuando pensaba que ya todo estaba perdido (me refiero aquí a la edición catalana de El País del pasado miércoles), debajo de una sabinesca rima involuntaria como Nota A (“Los vecinos se quejan del hedor del abandonado museo del Alcantarillado”) me quedé petrificado frente a (Nota B, pie de página, firma de F. Balsells) lo que sigue: “Casi ocho años de cárcel para el hombre que mató a un anciano por haberle tocado el culo”.
Y pensar que hay gente que sólo lee el diario para ver cómo andan las cosas.
DOS
Y, sí, de acuerdo: era un titular clásico. Dos líneas, clara descripción de lo acontecido. Pero, también, la palabra “culo” (que siempre llama y llamará la atención en el titular de un diario) y el tenue misterio de lo que allí se recontaba. Así que seguí leyendo y dejé de lado –para más tarde– el detalle del menú de lo que había comido Vargas Llosa la noche antes de recibir el Nobel o el número y el volumen en mililitros de las lágrimas derramadas por escritor y familiares durante la lectura de su discurso de aceptación y agradecimiento. Pero antes de informarme de lo sucedido, reflejos automáticos y libres asociaciones de ideas: “Casi ocho años de cárcel...” (lo que la Fiscalía pide para los controladores aéreos presuntos culpables del delito de sedición y acusados de tocarles el culo a cientos de miles de viajeros frustrados durante el pasado puente) “...para el hombre que mató a un anciano” (esa carita de inocente de Joan Vila, celador del geriátrico de Olot, despachador de once ancianos que lo idolatraban y a los que obligaba a ingerir productos de limpieza cáusticos y corrosivos) “...por haberle tocado el culo” (Mario Vargas Llosa se cayó haciendo “piruetas” a pedido de un fotógrafo sueco, de ahí un “culo morado” consecuencia de, según su agente, “un culazo de aúpa” y, detallaba la crónica, que “ese culazo fue lo de menos, pues la hinchazón progresiva de la nalga sólo podía vérsele en la intimidad...”. Y, de verdad, ¿hace falta enterarse de todo esto?). Enseguida, el eco de que en esa noticia –la del hombre que mató al anciano por haberle tocado el culo– había como un destello de comienzo del inglés Alan Hollinghurst (quien el año que viene publicará, por fin, su quinta novela) en variación cítrico/automatizada y drugo/ultraviolenta o algo así y, lo siento, así funciona (o así no funciona) la cabeza de quien firma estas líneas.
Y así le/me va.
Y pensar que hay gente que nunca piensa en este tipo de cuestiones ni escribe una contratapa a la semana.
TRES
El contenido, entonces. Todo sucedió en junio del 2007, en el baño de la estación de autobuses de Tarragona. No se ofrece nombre ni iniciales de la víctima, pero sí edad: 83 años. Del victimario, en cambio, sabemos que, además de contar por aquellas fechas con 32 años, es de nacionalidad ucraniana y responde a las señas de Pavlo (así, con v corta, diga lo que diga la RAE) Ch. Sabemos también que el ucraniano se encontraba orinando, que había pasado bebiendo buena parte de la mañana luego de discutir con su esposa, y que “Vino un señor por detrás, me tocó el culo y dijo ‘¡Qué culo tan bonito!’ Luego le grité que era un maricón”. Enseguida, “una salva de golpes y patadas” del centroeuropeo al mediterráneo, el anciano intentando en vano protegerse con su bastón y luego, ante el juez, Pavlo Ch. intrigado porque “no me explico cómo murió si los golpes no fueron tan fuertes”.
Y eso es todo.
Y pensar que Gustave Flaubert escribió Madame Bovary a partir de un recorte de periódico más o menos parecido.
CUATRO
Samuel Taylor Coleridge soñó el poema “Kubla Khan”, Jack Nicklaus mejoró su swing luego de soñar una nueva manera de aferrar su palo de golf, Robert Louis Stevenson soñó al Dr. Jekyll (y a Mr. Hyde), Martín Luther King soñó que tuvo un sueño, y yo –más humilde– soné el final de esta contratapa que no sabía cómo terminar.
En mi sueño yo estaba en un aeropuerto en el que todos los vuelos habían sido cancelados. Por los altoparlantes se oía a Lennon cantar “Imagina que no hay espacio aéreo” y –en estado de alarma, muy preocupado porque me habían adelantado que Wikileaks filtraría e-mails míos en los que pedía un aumento de dinero por mis colaboraciones a una revista latinoamericana cuya denominación no viene al caso– yo entraba al baño y ahí estaba Mario Vargas Llosa. Al verlo, yo me caía de culo, me daba un culazo de aúpa y mi flamante ejemplar de la nueva novela de Hollinghurst iba a dar a un charco de (rima) meada dopada. Vargas Llosa me ayudaba a levantarme y me preguntaba si me estaba al tanto por El País de que no funcionaba el ascensor de su casa en Madrid, asunto que lo tenía muy preocupado. Estaba por responderle que por supuesto (y que también había leído todo lo referente al signo zodiacal de su otoñal portero, próximo a retirarse en un coqueto residencial de Olot) cuando de pronto, en uno de los orinales, alguien con una máscara de V saltaba sobre un anciano que gemía “No te vayas, Rubalcaba... Eres lo único que nos queda a los votantes socialistas”. De golpe, una de las puertas de los cubículos del baño se abría y allí estaban tres niños, sus ojos en blanco, cantando “La sonrisa de mamá”, aquel hit de Palito Ortega que supo torturar mi infancia y que, seguro, resuena ahora por los pasillos de Guantánamo y del lugar donde irá a parar el futuro Nobel de la Paz Julian Assange, condenado –informaban las pantallas del aeropuerto– a escribir varios millones de veces “No volveré a decirle ‘Qué culo tan bonito’ a una mujer en Estocolmo o en ninguna otra ciudad de Suecia”.
Y –ahí me desperté gritando, me duché, me vestí y salí a comprar un montón de páginas con titulares frescos– pensar que hay gente que sólo sueña con los angelitos.
Link a la nota original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-158690-2010-12-15.html
Si algo le tengo que agradecer al "Página 12", es haberme hecho conocer a gente que escribe de puta madre.
De paso, nos enteramos que en España anda todo medio a los tumbos y que acá no estamos tan mal como nos quieren hacer creer. Se las dejo:
Titular
Por Rodrigo Fresán
UNO
Tal vez por mi muy larga y ancha relación amistosa y profesional con este diario –que supo revolucionar la especie a mediados de los ’80– siempre he sido muy sensible al método con que se titulan las noticias en la prensa escrita. Y siempre busco algo nuevo, algo que me intrigue. Pero se sabe: la mayoría de los periódicos se aferran todavía a esa idea de que las letras grandes y gruesas deben arreglárselas para sintetizar aquello que se notificará ahí abajo, en letras más pequeñas. Así, el título como capitel y la información, sosteniéndolo, en un número de columnas a convenir. Algo de bueno tiene esta actitud retro o clásica: en muchas ocasiones no hace falta seguir leyendo y el efecto irritante es inmediato y, por lo tanto, también pasa más rápido. De este modo, los últimos días por aquí han estado marcados por el ruido blanco y negro de la resaca del plantón de los controladores aéreos; el waka-waka de Wikileaks (conmueve la ingenuidad adolescente y casi nerd de inactivos activistas calzando la máscara del anarquista V de V de Vendetta haciendo de este personaje de comic el reemplazo más o menos natural del póster-boy y para muchos ya personaje de historieta conocido como Ernesto “Che” Guevara); el asesinato de tres hijos a manos de sus dos madres (la primera no quería que su nueva pareja se asustara por semejante carga y saliera volando, la segunda temía que la custodia fuera otorgada a su ex marido); la revelación de que una admirada y modélica atleta española parecía estar metida en el comercio y reparto de sustancias prohibidas y transfusiones poco deportivas; las encuestas en las que sube el PP y baja el PSOE (con esa última esperanza llamada Alfredo Pérez Rubalcaba insinuando que no cuenten con él para la debacle del 2012 con la funeraria frase “el cementerio está lleno de imprescindibles”); el modus operandi de un asesino serial que descubrió que si se empleaba como celador de asilo iba a poder matar viejitos sin que lo siguiera la gente del C.S.I. y que si lo atrapaban hasta podría aducir motivos humanitarios; las tres décadas de la noche triste en la que Lennon dejó de imaginar que no hay cielo; la prolongación (o no) del ¡¡¡ESTADO DE ALARMA!!! para así garantizar la Feliz Navidad y el Próspero Año Nuevo del espacio aéreo; el tránsito hasta el más mínimo detalle de Mario Vargas Llosa por Estocolmo y alrededores (incluyendo hasta moretones en su ilustre trasero), y la pésima salud continental de un mundo más viejo que nunca llamado Europa donde los jóvenes van perdiendo esa paciencia que es lo único a lo que pueden aspirar (junto a estimulantes varios) tal como están las cosas.
Y cuando pensaba que ya todo estaba perdido (me refiero aquí a la edición catalana de El País del pasado miércoles), debajo de una sabinesca rima involuntaria como Nota A (“Los vecinos se quejan del hedor del abandonado museo del Alcantarillado”) me quedé petrificado frente a (Nota B, pie de página, firma de F. Balsells) lo que sigue: “Casi ocho años de cárcel para el hombre que mató a un anciano por haberle tocado el culo”.
Y pensar que hay gente que sólo lee el diario para ver cómo andan las cosas.
DOS
Y, sí, de acuerdo: era un titular clásico. Dos líneas, clara descripción de lo acontecido. Pero, también, la palabra “culo” (que siempre llama y llamará la atención en el titular de un diario) y el tenue misterio de lo que allí se recontaba. Así que seguí leyendo y dejé de lado –para más tarde– el detalle del menú de lo que había comido Vargas Llosa la noche antes de recibir el Nobel o el número y el volumen en mililitros de las lágrimas derramadas por escritor y familiares durante la lectura de su discurso de aceptación y agradecimiento. Pero antes de informarme de lo sucedido, reflejos automáticos y libres asociaciones de ideas: “Casi ocho años de cárcel...” (lo que la Fiscalía pide para los controladores aéreos presuntos culpables del delito de sedición y acusados de tocarles el culo a cientos de miles de viajeros frustrados durante el pasado puente) “...para el hombre que mató a un anciano” (esa carita de inocente de Joan Vila, celador del geriátrico de Olot, despachador de once ancianos que lo idolatraban y a los que obligaba a ingerir productos de limpieza cáusticos y corrosivos) “...por haberle tocado el culo” (Mario Vargas Llosa se cayó haciendo “piruetas” a pedido de un fotógrafo sueco, de ahí un “culo morado” consecuencia de, según su agente, “un culazo de aúpa” y, detallaba la crónica, que “ese culazo fue lo de menos, pues la hinchazón progresiva de la nalga sólo podía vérsele en la intimidad...”. Y, de verdad, ¿hace falta enterarse de todo esto?). Enseguida, el eco de que en esa noticia –la del hombre que mató al anciano por haberle tocado el culo– había como un destello de comienzo del inglés Alan Hollinghurst (quien el año que viene publicará, por fin, su quinta novela) en variación cítrico/automatizada y drugo/ultraviolenta o algo así y, lo siento, así funciona (o así no funciona) la cabeza de quien firma estas líneas.
Y así le/me va.
Y pensar que hay gente que nunca piensa en este tipo de cuestiones ni escribe una contratapa a la semana.
TRES
El contenido, entonces. Todo sucedió en junio del 2007, en el baño de la estación de autobuses de Tarragona. No se ofrece nombre ni iniciales de la víctima, pero sí edad: 83 años. Del victimario, en cambio, sabemos que, además de contar por aquellas fechas con 32 años, es de nacionalidad ucraniana y responde a las señas de Pavlo (así, con v corta, diga lo que diga la RAE) Ch. Sabemos también que el ucraniano se encontraba orinando, que había pasado bebiendo buena parte de la mañana luego de discutir con su esposa, y que “Vino un señor por detrás, me tocó el culo y dijo ‘¡Qué culo tan bonito!’ Luego le grité que era un maricón”. Enseguida, “una salva de golpes y patadas” del centroeuropeo al mediterráneo, el anciano intentando en vano protegerse con su bastón y luego, ante el juez, Pavlo Ch. intrigado porque “no me explico cómo murió si los golpes no fueron tan fuertes”.
Y eso es todo.
Y pensar que Gustave Flaubert escribió Madame Bovary a partir de un recorte de periódico más o menos parecido.
CUATRO
Samuel Taylor Coleridge soñó el poema “Kubla Khan”, Jack Nicklaus mejoró su swing luego de soñar una nueva manera de aferrar su palo de golf, Robert Louis Stevenson soñó al Dr. Jekyll (y a Mr. Hyde), Martín Luther King soñó que tuvo un sueño, y yo –más humilde– soné el final de esta contratapa que no sabía cómo terminar.
En mi sueño yo estaba en un aeropuerto en el que todos los vuelos habían sido cancelados. Por los altoparlantes se oía a Lennon cantar “Imagina que no hay espacio aéreo” y –en estado de alarma, muy preocupado porque me habían adelantado que Wikileaks filtraría e-mails míos en los que pedía un aumento de dinero por mis colaboraciones a una revista latinoamericana cuya denominación no viene al caso– yo entraba al baño y ahí estaba Mario Vargas Llosa. Al verlo, yo me caía de culo, me daba un culazo de aúpa y mi flamante ejemplar de la nueva novela de Hollinghurst iba a dar a un charco de (rima) meada dopada. Vargas Llosa me ayudaba a levantarme y me preguntaba si me estaba al tanto por El País de que no funcionaba el ascensor de su casa en Madrid, asunto que lo tenía muy preocupado. Estaba por responderle que por supuesto (y que también había leído todo lo referente al signo zodiacal de su otoñal portero, próximo a retirarse en un coqueto residencial de Olot) cuando de pronto, en uno de los orinales, alguien con una máscara de V saltaba sobre un anciano que gemía “No te vayas, Rubalcaba... Eres lo único que nos queda a los votantes socialistas”. De golpe, una de las puertas de los cubículos del baño se abría y allí estaban tres niños, sus ojos en blanco, cantando “La sonrisa de mamá”, aquel hit de Palito Ortega que supo torturar mi infancia y que, seguro, resuena ahora por los pasillos de Guantánamo y del lugar donde irá a parar el futuro Nobel de la Paz Julian Assange, condenado –informaban las pantallas del aeropuerto– a escribir varios millones de veces “No volveré a decirle ‘Qué culo tan bonito’ a una mujer en Estocolmo o en ninguna otra ciudad de Suecia”.
Y –ahí me desperté gritando, me duché, me vestí y salí a comprar un montón de páginas con titulares frescos– pensar que hay gente que sólo sueña con los angelitos.
Link a la nota original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-158690-2010-12-15.html
domingo, 28 de noviembre de 2010
De regreso, Mirtha (por Eduardo Fabregat)
Hace rato que sigo las columnas de este muy buen periodista en "Página 12".
Hoy me decidí a publicar esta en Cajón desastre, debido a la ola de periodismo berreta que salió a buscar los trapitos sucios de Federico Luppi, en lugar de ponerse a analizar si está bien o no lo que dijo sobre la ¿señora? Mirtha Legrand.
Espero que la disfruten y saquen de ella alguna buena reflexión.
De regreso, Mirtha
Por Eduardo Fabregat
La escena se desarrolla en el blanco y negro televisivo de 1978 y el audio tiene su soplido, pero las palabras llegan con absoluta claridad. Almuerzan con la señora Mirtha Legrand el señor Claudio Levrino, actor; la señora Susana Giménez, actriz, vedette; la señorita Ginette Reynal, modelo; y el señor Laureano Brizuela, cantante. Y es Brizuela, precisamente, el que lleva la voz cantante con eso de la “campaña antiargentina en el exterior”, a lo que todos asienten enfáticamente: “Nadie sabe la tranquilidad que se respira acá, ahora más que nunca”, dice el muchachito de traje blanco, y Susana señala que “lo que detesto más en la vida es que la gente juzgue algo que no conoce”, y Mirtha repite que “estamos viendo una campaña organizada”. Y luego todos se emocionan por el Mundial, y por cómo “nos nacionalizó, nos argentinizó”, y la señora apunta que fue al último partido y todos lloraban y el presidente Videla también, el presidente tenía lágrimas en los ojos, y que se acuerda y se emociona de nuevo. Y cierra: “¿Qué tal está el postre, está rico, chicos?”
Esta semana, en un programa televisivo de Uruguay, Federico Luppi pateó el hormiguero: “No sé qué me irrita más de Mirtha: si su profunda y extensa ignorancia o el estado totalmente reaccionario de su alma. Un alma pobre. Dice cosas que son realmente agresivas y que desmienten la capacidad humana que tenemos de convivir”. Cuando se le mostró una foto de Giménez, el actor pidió permiso para utilizar términos fuertes y señaló que “Susana caga por la boca”. Dolida, la diva de los almuerzos pidió que la Presidenta “tome cartas en el asunto” y no dudó en apuntar al Gobierno por las declaraciones de un particular. “Utilizó el mismo término que Aníbal Fernández. ¿Quiénes les dan letra a los que hablan mal de las figuras? Jamás en mi vida vi algo así. Hay alguien que les da letra. El Gobierno debería fijarse cómo hablan los actores que promueven. ¡Dios mío! ¿Qué es esto? ¿Una dictadura?” Susana prefirió apuntar que “las declaraciones me sorprendieron... Me dijeron que no está muy bien, la verdad que no tengo nada que decir, para mí fue un gran actor y bueno, estará pasando un mal momento”. No faltó quien disparara munición gruesa sobre Luppi aludiendo a cuestiones de su vida privada, solapando las causas del brulote, el porqué de la referencia a esas dos figuras.
Hace un tiempo, en una nota con Oscar González Oro en C5N, Susana señaló que “la gente creía que sabíamos lo que pasaba y lo apañábamos, pero no sabíamos, sabíamos que hubo una cosa de los dos lados, una guerra. Pero ya basta de eso, hay que olvidar, lo que pasó, pasó”.
Mirtha Legrand se define como una persona de centro, adoradora de la democracia.
Laureano Brizuela, que en 1978 ya residía fuera del país, vive desde los ’80 en México, donde incluso pasó cuatro meses preso por una evasión fiscal que había cometido su manager. En un momento de su carrera se empezó a vestir de cuero negro y se hizo llamar “El Angel del Rock”. Sigue vistiéndose así. Su página de Facebook está llena de banderas argentinas.
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Algo está sucediendo en el mundo de la cultura. Después del episodio de Federico Luppi, Julia Zenko y Marilina Ross declinaron participar de un almuerzo de Mirtha, que admitió que le señalaron “diferencias ideológicas” y volvió a preguntarse con asombro “¿qué es esto, actores contra actores?” Pero la señora, como le erraba en la apreciación de lo que sucedía en el país en 1978, vuelve a errarle. Lo que está sucediendo no es un “enfrentamiento” entre artistas. En un momento en el que la militancia y la política vuelven a tener un valor perdido en años de vaciamiento ideológico o crisis terminal, el mundo de la cultura y el espectáculo también ha decidido dejar de guardar ciertas formas diplomáticas y marcar una diferencia. Tomar partido por un proyecto que cree más cercano a sus principios, y no guardarse su opinión cuando alguien del medio –alguien que celebró una dictadura genocida– homologa al actual gobierno con una dictadura, sugiere que las parejas gay violan a sus hijos u ofende a un muerto llorado por decenas de miles de personas ventilando delirios sobre su féretro, o deslizando que muchas de esas personas fueron “pagadas por alguien”.
En los días que siguieron a la muerte de Néstor Kirchner, Martín Souto apuntó que le resultaba muy significativo que entre todas las personalidades que ocuparon el estudio de 6 7 8 el 27 de octubre no había podido identificar “ni un solo hijo de puta”. No quería decir que la adhesión a la figura de Néstor los convirtiera en ángeles: aludía a la trayectoria de esas personas, a la integridad, a la imposibilidad de encontrar archivos en los que esos artistas adhieran a una dictadura asesina o aboguen por echar tierra sobre crímenes de lesa humanidad. A un compromiso con ciertos ideales de vida, de cultura, de educación y de contención social que encuentran un reflejo de inédito poder en la Rosada.
Resulta curioso que haya personajes escandalizados que se empeñen en conferirle a la palabra “oficialista” una carga peyorativa, descalificadora, por la que los muchos artistas e intelectuales que simpatizan con el proyecto deberían sentir vergüenza. Cuando fueron oficialistas de Jorge Rafael Videla, Leopoldo Galtieri, Carlos Menem o Domingo Cavallo, esos personajes no se escandalizaban ni le asignaban a la palabra oficialismo la misma carga. Ellos también se sintieron identificados con esos proyectos, y es válido: cada cual tiene derecho a creer en lo que quiera y sienta que está bien. Pero cabe preguntarse quién les extendió patente moral para señalar con desprecio a quienes se ponen la camiseta de Cristina.
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Corresponde un párrafo aparte para los músicos de rock, que a comienzos de octubre protagonizaron una movilización inédita para alertar sobre la situación en Buenos Aires con respecto a la música en vivo. Durante tres lunes consecutivos cortaron la Avenida de Mayo para difundir el estado de clausura que impera en la ciudad, y para exigir al gobierno de Mauricio Macri que ponga en marcha la Ley de Fomento a la Música, sancionada un año atrás. El ministro de Cultura, Hernán Lombardi, escribió y firmó una carta en la que se comprometía a reglamentar la Ley 3022 en un mes. El mes se cumplió el miércoles 10, pero Lombardi hizo su parte: al día de hoy, el expediente está en la Secretaría Legal del GCBA, esperando que Macri regrese de su luna de miel para firmarlo.
El 15 de noviembre, un nuevo grupo apareció en Facebook. No uno de esos grupos que se conforman con la virtualidad, sino uno decidido a que siga fructificando el espíritu de participación y militancia que desató la muerte de Kirchner. Uno que ya se mostró en el escenario de la Plaza en el homenaje del viernes. Hasta la fecha, Músicos con Cristina posee 1995 miembros: Isabel de Sebastián, Federico Gil Solá, Mavi Díaz, Tito Losavio, Celsa Mel Gowland, Leo García, Super Ratones, Gustavo Santaolalla, Fabiana Cantilo, Marcelo Moura, Hilda Lizarazu, Teresa Parodi, Rodolfo García, Víctor Heredia, Miguel Zavaleta, Peteco Carabajal, Manuel Moretti, Ulises Butrón, Marcelo Moura, Willy Crook, Rita Cortese, Kubero Díaz, Marián y el Chango Farías Gómez, Dolores Solá, Los 4 Vientos son sólo algunos de los firmantes y adherentes de una carta de intención que señala: “Sabemos que se ha avanzado mucho en la concreción de medidas que apuntan a la inclusión y la justicia social, al fortalecimiento de los derechos humanos, a la recuperación económica del país, a la integración latinoamericana y al desarrollo de medios libres y democráticos, entre otros logros. Creemos que todavía falta mucho por hacer y estamos convencidos de que la única posibilidad que tenemos de seguir avanzando está ligada a la continuidad del actual modelo. Estamos firmemente decididos a aportar desde nuestra experiencia, generando un espacio para debatir y convocar desde la música y la palabra, un lugar para ser testigo y parte de una batalla cultural que apunte a una sociedad cada vez más justa, tolerante y solidaria. Convocamos a quienes quieran acompañarnos, más allá de pertenencias partidarias, a que se sumen a nuestra propuesta para apoyar al mejor gobierno del que tenemos memoria”.
Como diría Mirtha: otra campaña organizada.
Link a la nota original publicada en el diario Página 12 de hoy (28/11/2010): http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-20073-2010-11-28.html
Hoy me decidí a publicar esta en Cajón desastre, debido a la ola de periodismo berreta que salió a buscar los trapitos sucios de Federico Luppi, en lugar de ponerse a analizar si está bien o no lo que dijo sobre la ¿señora? Mirtha Legrand.
Espero que la disfruten y saquen de ella alguna buena reflexión.
De regreso, Mirtha
Por Eduardo Fabregat
La escena se desarrolla en el blanco y negro televisivo de 1978 y el audio tiene su soplido, pero las palabras llegan con absoluta claridad. Almuerzan con la señora Mirtha Legrand el señor Claudio Levrino, actor; la señora Susana Giménez, actriz, vedette; la señorita Ginette Reynal, modelo; y el señor Laureano Brizuela, cantante. Y es Brizuela, precisamente, el que lleva la voz cantante con eso de la “campaña antiargentina en el exterior”, a lo que todos asienten enfáticamente: “Nadie sabe la tranquilidad que se respira acá, ahora más que nunca”, dice el muchachito de traje blanco, y Susana señala que “lo que detesto más en la vida es que la gente juzgue algo que no conoce”, y Mirtha repite que “estamos viendo una campaña organizada”. Y luego todos se emocionan por el Mundial, y por cómo “nos nacionalizó, nos argentinizó”, y la señora apunta que fue al último partido y todos lloraban y el presidente Videla también, el presidente tenía lágrimas en los ojos, y que se acuerda y se emociona de nuevo. Y cierra: “¿Qué tal está el postre, está rico, chicos?”
Esta semana, en un programa televisivo de Uruguay, Federico Luppi pateó el hormiguero: “No sé qué me irrita más de Mirtha: si su profunda y extensa ignorancia o el estado totalmente reaccionario de su alma. Un alma pobre. Dice cosas que son realmente agresivas y que desmienten la capacidad humana que tenemos de convivir”. Cuando se le mostró una foto de Giménez, el actor pidió permiso para utilizar términos fuertes y señaló que “Susana caga por la boca”. Dolida, la diva de los almuerzos pidió que la Presidenta “tome cartas en el asunto” y no dudó en apuntar al Gobierno por las declaraciones de un particular. “Utilizó el mismo término que Aníbal Fernández. ¿Quiénes les dan letra a los que hablan mal de las figuras? Jamás en mi vida vi algo así. Hay alguien que les da letra. El Gobierno debería fijarse cómo hablan los actores que promueven. ¡Dios mío! ¿Qué es esto? ¿Una dictadura?” Susana prefirió apuntar que “las declaraciones me sorprendieron... Me dijeron que no está muy bien, la verdad que no tengo nada que decir, para mí fue un gran actor y bueno, estará pasando un mal momento”. No faltó quien disparara munición gruesa sobre Luppi aludiendo a cuestiones de su vida privada, solapando las causas del brulote, el porqué de la referencia a esas dos figuras.
Hace un tiempo, en una nota con Oscar González Oro en C5N, Susana señaló que “la gente creía que sabíamos lo que pasaba y lo apañábamos, pero no sabíamos, sabíamos que hubo una cosa de los dos lados, una guerra. Pero ya basta de eso, hay que olvidar, lo que pasó, pasó”.
Mirtha Legrand se define como una persona de centro, adoradora de la democracia.
Laureano Brizuela, que en 1978 ya residía fuera del país, vive desde los ’80 en México, donde incluso pasó cuatro meses preso por una evasión fiscal que había cometido su manager. En un momento de su carrera se empezó a vestir de cuero negro y se hizo llamar “El Angel del Rock”. Sigue vistiéndose así. Su página de Facebook está llena de banderas argentinas.
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Algo está sucediendo en el mundo de la cultura. Después del episodio de Federico Luppi, Julia Zenko y Marilina Ross declinaron participar de un almuerzo de Mirtha, que admitió que le señalaron “diferencias ideológicas” y volvió a preguntarse con asombro “¿qué es esto, actores contra actores?” Pero la señora, como le erraba en la apreciación de lo que sucedía en el país en 1978, vuelve a errarle. Lo que está sucediendo no es un “enfrentamiento” entre artistas. En un momento en el que la militancia y la política vuelven a tener un valor perdido en años de vaciamiento ideológico o crisis terminal, el mundo de la cultura y el espectáculo también ha decidido dejar de guardar ciertas formas diplomáticas y marcar una diferencia. Tomar partido por un proyecto que cree más cercano a sus principios, y no guardarse su opinión cuando alguien del medio –alguien que celebró una dictadura genocida– homologa al actual gobierno con una dictadura, sugiere que las parejas gay violan a sus hijos u ofende a un muerto llorado por decenas de miles de personas ventilando delirios sobre su féretro, o deslizando que muchas de esas personas fueron “pagadas por alguien”.
En los días que siguieron a la muerte de Néstor Kirchner, Martín Souto apuntó que le resultaba muy significativo que entre todas las personalidades que ocuparon el estudio de 6 7 8 el 27 de octubre no había podido identificar “ni un solo hijo de puta”. No quería decir que la adhesión a la figura de Néstor los convirtiera en ángeles: aludía a la trayectoria de esas personas, a la integridad, a la imposibilidad de encontrar archivos en los que esos artistas adhieran a una dictadura asesina o aboguen por echar tierra sobre crímenes de lesa humanidad. A un compromiso con ciertos ideales de vida, de cultura, de educación y de contención social que encuentran un reflejo de inédito poder en la Rosada.
Resulta curioso que haya personajes escandalizados que se empeñen en conferirle a la palabra “oficialista” una carga peyorativa, descalificadora, por la que los muchos artistas e intelectuales que simpatizan con el proyecto deberían sentir vergüenza. Cuando fueron oficialistas de Jorge Rafael Videla, Leopoldo Galtieri, Carlos Menem o Domingo Cavallo, esos personajes no se escandalizaban ni le asignaban a la palabra oficialismo la misma carga. Ellos también se sintieron identificados con esos proyectos, y es válido: cada cual tiene derecho a creer en lo que quiera y sienta que está bien. Pero cabe preguntarse quién les extendió patente moral para señalar con desprecio a quienes se ponen la camiseta de Cristina.
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Corresponde un párrafo aparte para los músicos de rock, que a comienzos de octubre protagonizaron una movilización inédita para alertar sobre la situación en Buenos Aires con respecto a la música en vivo. Durante tres lunes consecutivos cortaron la Avenida de Mayo para difundir el estado de clausura que impera en la ciudad, y para exigir al gobierno de Mauricio Macri que ponga en marcha la Ley de Fomento a la Música, sancionada un año atrás. El ministro de Cultura, Hernán Lombardi, escribió y firmó una carta en la que se comprometía a reglamentar la Ley 3022 en un mes. El mes se cumplió el miércoles 10, pero Lombardi hizo su parte: al día de hoy, el expediente está en la Secretaría Legal del GCBA, esperando que Macri regrese de su luna de miel para firmarlo.
El 15 de noviembre, un nuevo grupo apareció en Facebook. No uno de esos grupos que se conforman con la virtualidad, sino uno decidido a que siga fructificando el espíritu de participación y militancia que desató la muerte de Kirchner. Uno que ya se mostró en el escenario de la Plaza en el homenaje del viernes. Hasta la fecha, Músicos con Cristina posee 1995 miembros: Isabel de Sebastián, Federico Gil Solá, Mavi Díaz, Tito Losavio, Celsa Mel Gowland, Leo García, Super Ratones, Gustavo Santaolalla, Fabiana Cantilo, Marcelo Moura, Hilda Lizarazu, Teresa Parodi, Rodolfo García, Víctor Heredia, Miguel Zavaleta, Peteco Carabajal, Manuel Moretti, Ulises Butrón, Marcelo Moura, Willy Crook, Rita Cortese, Kubero Díaz, Marián y el Chango Farías Gómez, Dolores Solá, Los 4 Vientos son sólo algunos de los firmantes y adherentes de una carta de intención que señala: “Sabemos que se ha avanzado mucho en la concreción de medidas que apuntan a la inclusión y la justicia social, al fortalecimiento de los derechos humanos, a la recuperación económica del país, a la integración latinoamericana y al desarrollo de medios libres y democráticos, entre otros logros. Creemos que todavía falta mucho por hacer y estamos convencidos de que la única posibilidad que tenemos de seguir avanzando está ligada a la continuidad del actual modelo. Estamos firmemente decididos a aportar desde nuestra experiencia, generando un espacio para debatir y convocar desde la música y la palabra, un lugar para ser testigo y parte de una batalla cultural que apunte a una sociedad cada vez más justa, tolerante y solidaria. Convocamos a quienes quieran acompañarnos, más allá de pertenencias partidarias, a que se sumen a nuestra propuesta para apoyar al mejor gobierno del que tenemos memoria”.
Como diría Mirtha: otra campaña organizada.
Link a la nota original publicada en el diario Página 12 de hoy (28/11/2010): http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-20073-2010-11-28.html
martes, 17 de noviembre de 2009
Cox y “La Nación” (Página 12)
Me veo día a día cada vez más politizado en mis pensamientos.
Tal vez el bombardeo de "la realidad" a través de los grandes medios "independientes", tenga su lado bueno también.
Me quedo más tranquilo cada vez que encuentro opiniones que coinciden con las mías. Acá les dejo una:
Cox y “La Ncin”
(Sección "Mensajes de texto" del diario Página 12 del día lunes 16/11 del 2009)
Robert Cox es periodista, director de The Buenos Aires Herald. Acaba de ser nombrado “ciudadano ilustre” de la ciudad. “Yo veo bien a la Argentina –dijo en un diálogo con Página/12–. Por supuesto, con problemas. Se parece a Italia. Son países jóvenes, con historia, pero con tantas cosas buenas, tanta inteligencia, una mezcla magnífica de muchas nacionalidades. Me cuesta entender por qué los argentinos –y diría centralmente los porteños– tienen una visión tan negativa. No parecen siquiera advertir la hermosura de los jacarandás, de los quioscos, de la calle. Un amigo mío, que fue un importantísimo técnico financiero en Wall Street, me dijo: ‘Bob, Buenos Aires es un hotel cinco estrellas, con todos los pasajeros quejándose por el servicio de habitación’.” “Por supuesto que hay un problema entre el Gobierno y la prensa. Y los dos lados tienen responsabilidad. Cuando empezó el gobierno de Néstor Kirchner, yo veía en La Nación críticas ridículas. Por ejemplo, hablaban de los trajes de Kirchner. Era increíble. Por el otro lado, es cierto que a él no le gusta hablar con el periodismo, no hace conferencias de prensa. Es un grave error. El periodismo tiene algo de representante de la gente. Ahora, si uno lee La Nación se lleva la imagen de un país que no veo para nada. La Nación cree en la censura y en la autocensura, al punto que una alumna de la carrera de periodismo de ese diario me dijo que Claudio Escribano, quien fuera director de La Nación, hizo un elogio de la censura. Dijo que se necesita. Desde ya, yo necesito leer Página/12, porque La Nación describe un país y una ciudad que yo no puedo ver ni reconocer. Y en eso, La Nación actúa como bajo la dictadura. En aquel momento, ignoraba lo que pasaba y ahora también.”
Si querés saber más sobre el periodista británico Robert Cox, hacé click acá
Si querés saber más sobre el diario Página 12, hacé click acá
Tal vez el bombardeo de "la realidad" a través de los grandes medios "independientes", tenga su lado bueno también.
Me quedo más tranquilo cada vez que encuentro opiniones que coinciden con las mías. Acá les dejo una:
Cox y “La Ncin”
(Sección "Mensajes de texto" del diario Página 12 del día lunes 16/11 del 2009)
Robert Cox es periodista, director de The Buenos Aires Herald. Acaba de ser nombrado “ciudadano ilustre” de la ciudad. “Yo veo bien a la Argentina –dijo en un diálogo con Página/12–. Por supuesto, con problemas. Se parece a Italia. Son países jóvenes, con historia, pero con tantas cosas buenas, tanta inteligencia, una mezcla magnífica de muchas nacionalidades. Me cuesta entender por qué los argentinos –y diría centralmente los porteños– tienen una visión tan negativa. No parecen siquiera advertir la hermosura de los jacarandás, de los quioscos, de la calle. Un amigo mío, que fue un importantísimo técnico financiero en Wall Street, me dijo: ‘Bob, Buenos Aires es un hotel cinco estrellas, con todos los pasajeros quejándose por el servicio de habitación’.” “Por supuesto que hay un problema entre el Gobierno y la prensa. Y los dos lados tienen responsabilidad. Cuando empezó el gobierno de Néstor Kirchner, yo veía en La Nación críticas ridículas. Por ejemplo, hablaban de los trajes de Kirchner. Era increíble. Por el otro lado, es cierto que a él no le gusta hablar con el periodismo, no hace conferencias de prensa. Es un grave error. El periodismo tiene algo de representante de la gente. Ahora, si uno lee La Nación se lleva la imagen de un país que no veo para nada. La Nación cree en la censura y en la autocensura, al punto que una alumna de la carrera de periodismo de ese diario me dijo que Claudio Escribano, quien fuera director de La Nación, hizo un elogio de la censura. Dijo que se necesita. Desde ya, yo necesito leer Página/12, porque La Nación describe un país y una ciudad que yo no puedo ver ni reconocer. Y en eso, La Nación actúa como bajo la dictadura. En aquel momento, ignoraba lo que pasaba y ahora también.”
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